Serra de Tramuntana
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Serra de Tramuntana

ENTREVISTA: Alberto Fernández, organizador de Eres Negre y recuperador del Tomate de Ramellet.

 

Un trabajador de finanzas que deja de vender “intangibles” en Madrid para vender tomates y felicidad en la Serra de Tramuntana.

Alberto Fernández, sonríe al sol en la caseta de un bancal de Banyalbufar
Alberto Fernández, sonríe al sol en la caseta de un bancal de Banyalbufar

Una relación le trajo a Mallorca, donde empezó otra con la Serra de Tramuntana. Una relación fructífera cultivando un proyecto de recuperación de semillas tradicionales de Tomàtiga de ramellet, que floreció con eventos como Eres Negre, que reúne cada verano en Banyalbufar a 2500 personas para escuchar y bailar música negra, beber vino de Malvasía y probar tapas locales.

CATEGORÍAS: Cultura.

05.09.2016
 

PR: ¿De dónde vienes y a dónde vas?
 

Alberto: Nací en Madrid pero me siento más mallorquín que muchos mallorquines.
Un día, después de tanto trabajo estresante en finanzas en Madrid, de crear ilusiones en gente acerca del dinero y ver que siempre era un fracaso para todos, dejé mi trabajo  y viajé durante un año por todo el mundo, conociendo diferentes culturas, a gente increíble, dándome cuenta de que el ser humano es tu propio cuerpo y 20 kilos de equipaje nada más.

Y acabé viviendo en Banyalbufar, donde tenía una casita muy pequeña.
 

"Eres mucho más virgen y salvaje de lo que parece".
 

PR: ¿Cómo surge la idea de crear un proyecto de recuperación de una especie endémica de tomate y qué interacciones supone con la gente?


Alberto: Viviendo en Banyalbufar, bajando todos los días al Junípero Serra, a Son Cladera, un barrio muy parecido al barrio en el que nací en Madrid, para estudiar un módulo de cocina y aprendiendo de la historia de Banyalbufar, que con la industria del tomate se convirtió en los años 30 del siglo pasado en la localidad más rica de Mallorca por la producción de tomátiga de ramellet.
Aquí se llegaron a producir 8000 toneladas de tomate que se exportaban a Barcelona con dos barcos a la semana, lo que permitió a los vecinos hacer mucho dinero y tener capacidad para salir y estudiar carreras... hasta que las nuevas industrias como el turismo, arrancaron esa casi de raíz.

Me pareció una historia muy bonita que era estúpido desterrar. Empecé a hablar con familias que cultivaban aquí a finales de los 30-40, gente muy mayor que me regaló semillas.
Inicié el proyecto con 6 semillas de tomates diferentes. De esas 6 semillas me quedé con la más antigua de todas que no se volvía a cultivar porque no era rentable. Hay que tener en cuenta que esto era una industria, el Silicon Valley del tomate, el que se recogía en julio y no aguantaba hasta marzo del siguiente año, no era un tomate válido.

Este primer tomate que cultivé aguantaba hasta noviembre. Pero era el más interesante a nivel gastronómico.
Me quedé con esa variedad y con la que convirtió a Banyalbufar en industria, la tomátiga de ferro.

Cultivé estas dos variedades en un bancal del pueblo durante tres años.
Un espacio que simbolizaba la conquista del espacio vertical para el cultivo.
Para el hombre, que sin pretenderlo, construyó un anfiteatro natural espectacular.

PR: ¿Es ahí donde germina Eres Negre?

Alberto: Todo sumaba puntos: la música y la gastronomía son mis dos grandes pasiones.
A raíz de cultivar en un “anfiteatro”, surgió la idea y con una serie de amigos creamos una fiesta.
Acabábamos de plantar la semilla de “Eres Negre”, que llamamos así por una broma nuestra: “Eres negro y no lo sabes” .
Porque creemos que dentro de la cultura musical hay un tipo de música idónea para cualquier oído. Desde el que escucha electrónica al que escucha Bach: la música negra.
Teniendo el ser humano una base africana muy potente intentamos construir algo muy de raíz, música de raíz, música negra, que se maride con algo de raíz: la Tomátiga de Ramellet y el vino de Malvasía.

Así empezamos Eres Negre, un festival que es una fiesta para juntarte con amigos a escuchar buena música, comer bien, ver caras en verano, cuando todos estamos sonriendo y pasarlo bien en un lugar espectacular.

PR: Cambiaste las finanzas por el cultivo de tomates y éste por el cultivo de proyectos gastroculturales, ¿crees que es más rentable cultivar cultura que producto?


Alberto: Hemos creado algo que se ha enraizado en la sociedad de Banyalbufar y que también me ha permitido que conozcamos mejor a este mallorquín que puede parecer un poco frío al principio.
Hemos conseguido que venga gente de fuera del pueblo, de la isla y del país, con una visión más objetiva de este lugar tan encantador, de la sociedad  que vive aquí, y hemos creado que un día al año en el que todos compartimos las mismas cosas.
Desde los niños que nos ayudan a controlar la puerta del festival a la gente mayor que enfila tomates y que traemos del pla para juntarla con los que enfilan tomate en el pueblo y que lo hacen de forma totalmente distinta.

Es un proyecto muy enriquecedor.... pero no comercialmente.

"Estaría bien que un nuevo Archiduque apareciera por aquí uniendo a toda esta gente que hace cosas tan interesantes.​"

PR: ¿Con la creatividad sucede como con los tomates?, ¿cada uno enfila a su manera?


Alberto: Creo que esta isla es un lugar perfecto para la creación, no sé si tanto para ganar dinero de esa creación, pero creo que es un lugar muy interesante para inspirarte y crear.
Hay mucha gente mirando a la tierra y, volviendo a la música negra,  “golpeando el suelo” para hacer cosas muy interesantes a ritmos y en lugares distintos,
Gente que necesita que ese sonido sea coordinado y amplificado. Que apareciera un nuevo Arxiduc uniendo a toda esta gente que trabaja por separado.

PR: ¿Cómo sería la integración de la realidad  local y la visión “forastera?

Alberto: Hace falta el conocimiento y la sabiduría del local para que te enseñe, pero desgraciada o afortunadamente, la mayor parte del público que valora este tipo de cosas (solo porque  el ser humano se vuelve más objetivo cuando está lejos de casa) es el de fuera.

Hace falta el conocimiento local pero una valoración un poco  más internacional.

Porque lo local no sale de esta endogamia que hay en la isla, apenas tiene relación con la península o con las otras Islas Baleares.
La Serra es muy de la Serra y el del Pla muy del Pla y yo creo que debería abrirse todo un poco más.
Eres Negre es un ejemplo de eso, es un día en que el Pla, la Tramuntana y Palma se unen y aprenden cosas que tienen aquí al lado pero no valoran porque no las han visto con la mirada que te deja que alguien te las muestre.

"La Serra cambia con el oleaje, con la sombra o la época del año. Cada lugar puede ser 20 veces un sitio secreto".

PR: ¿Cuales son tus rincones de La Serra?

Alberto: El que acaba aquí y pasa un tiempo se vuelve isleño y cierra sus fronteras, así que para mi, Mallorca es la Serra de Tramuntana, por lo diferente que es del resto.
Hay muchas otras zonas pero aquí hay una fuerza de creación muy potente.
Me vas a perdonar pero no te quiero decir rincones de la Tramuntana.  No quiero que ese rincón tan alucinante y secreto deje de ser secreto.
Pero si tengo que decirte alguno ya conocido, me quedo con Sa pedra de s’Asse, que un día parece un lago de Canadá, Saint Moritz o Sicilia.
Es un mismo lugar que cambia con el oleaje, con la sombra o la época del año.

Así es la Serra, cada lugar puede ser 20 veces un sitio secreto.
Y eso es lo interesante: tienes muchos caminos que parece que no dan a ningún lado y dan a un sitio interesante y secreto que puedes guardar para ti