Serra de Tramuntana
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Serra de Tramuntana

Recuerdos y tesoros de una vida al borde del mar

 

La vida es como esos pequeños tesoros que el mar deja junto a la orilla: un cristal redondeado por el oleaje, una concha vacía, un trozo de remo, una vieja red de pesca. Cada tesoro es un recuerdo y una historia. Cada uno encierra la naturaleza, la sabiduría y la vida.

Hoy, recogemos en la palma de la mano las historias de Joan, un pescador octogenario, un hombre de mar con los pies en la tierra, que murió en los días que pasaron entre la entrevista y la sesión de fotos.

Como un llaut, resistió las peores tormentas, y de pronto, un día, un golpe de mar cualquiera lo hundió hasta el fondo, un lugar donde se ha convertido en paisaje y memoria de su cala, la de Deià y su Serra, la de Tramuntana.

CATEGORÍAS: Cultura.

22.11.2016
 

TRESORO 1: LA FAMILIA

No sé cuando llegué a Deià. Primero llegaron mi padre y mi madre.
Se llamaban Joan (como yo) y Catalina. Y yo nací aquí, a Ca na Mateva.

Mi madre nació aquí también y era guantera en Can Bailón, una fábrica de guantes de señora que había en Deià y que empleaba a todas las mujeres del pueblo para vender los después en Can Rovira, en Palma.

Mi padre nació en Can March, al lado del Ayuntamiento y toda su vida hizo de pescador... ¡aunque no lo era!

Su padre era carbonero, pero con la crisis se talaron los árboles grandes, así que se hicieron pescadores porque eran aficionados a ir a pescar.

Eran dos hermanos: mi abuelo y su hermano. Mi abuelo era un mal pescador: tenía tanto miedo a ahogarse que muchos días no podía ni salir a faenar.

¡Para ser marinero hay que nacer marinero!...

y él era carbonero. Se dividieron la cala en dos: donde está ahora el escar roto y el escar de Sa Pedrissa.

 

TESORO 2: LOS GAJES DEL OFICIO

Sólo tuvimos un susto pescando. Y yo no me asusté, se asustó mi padre porque yo ni me enteré de lo que pasaba. Estábamos pescando jarret y calábamos varias barcas una sobre otra. Así que la que calaba abajo no podía sacar las redes hasta que no las habían sacado todos. Nosotros habíamos llegado los primeros y calamos los segundos. Fuimos a pescar calamares... y empezó a oírse rumor de temporal. Mi padre remó para ver si los otros pescadores se iban y podíamos sacar nuestras redes, pero ellos, como venían de puertos más cercanos, no tenían ninguna prisa. Pero nosotros sí, que veníamos de lejos, así que nos pilló un temporal increíble.

Yo llevaba un abriguito, y mi padre me dijo: “¡quítatelo, rápido!” Hacía mucho frío y no quería, pero sin entender ni cuestionarme nada, me lo quité. Él me lo decía con miedo de que naufragáramos y el abrigo, mojado, me arrastrara al fondo, pero llegamos como pudimos y sacamos intacta la barca y las redes.

TESORO 3: EL NEGOCIO DE LA PESCA

En esa época, en Deià había sólo un pescador que llegó de Valldemossa. Pero cuando vino ya era viejo y llevaba una barca muy mala, como las del resto, de remo, porque no había motores y de 5 metros. Nada más. Por eso, no podíamos pescar muy lejos, de la punta de Sóller hasta s’Estaca. Se pescaba con armejades, una red compuesta de tresredes pegadas entre sí. Capturábamos peces grandes, de 2 o 3 kilos. ¡Si las redes eran buenas! En una época llegó a haber cinco familias que vendían cada día 100 kilos de pescado. Y ahora, no hay ni una.

El pescado bueno no se vendía en Deià, porque en Deià no había señores.

Los que comían mucho pescado eran es margers, la gente bien, en una palabra.

La pesca iba hacia Sóller... o hacia Palma. Mi padre pescaba anfossos de gambí, en cada roca había al menos media docena. Los grandes, los enviaba a través de los maleteros; el amo de Sano Fonda, que tenía un camión, que iba a Palma. Los pequeños, iban a Sóller, donde sí había señores, lo llevábamos en barca... y a mano, con una senalla cargada con 4 o 5 kilos hacia el mercado, que estaba donde ahora está el Cafè París En Sóller comían el mejor pescado de todos. 40 años después, sucede lo contrario, comen el peor: primero va a la Lonja, después a Palma, se subasta, los pescateros de Sóller lo compran en Palma y lo llevan de vuelta a Sóller.

Hoy, ¡el pescado que se compra en Sóller (y es de Sóller) puede tener dos días!

TESORO 4: RUTINAS DE PESCADO Y PUEBLO

Mi padre cogía los anfossos y los ataba haciéndoles dos agujeros (eso no los mata, pueden seguir nadando), cuando teníamos de 7, 10 o 15 kilos y sabíamos que en Sóller no los querían, los cargábamos y los subíamos de la cala al pueblo. Había un señor, al que llamaban Floquer, que pescaba a casi siempre con mi padre y tenía su escar aquí. Cada uno cogía un par de anfossos... y ¡para arriba con entre 14 y 30 kilos a la espalda!

Y después, ya cargados, empezaba la carrera... el que llegaba al pueblo primero, era el que vendía más pescado. Esta carrera siempre la ganaban dos hermanos: Salvador y Andreu, ellos pescaban cerquita de la cala y nada más salir el sol, ya lo habían sacado todo. Nosotros éramos siempre los últimos, ¡siempre perdíamos! Mi padre decía que cuando los peces asoman más es a la salida del sol. Cuando hay claridad, salen es molls y mi padre siempre los esperaba. Subíamos los últimos, pero éramos, casi siempre, los que pescábamos más.

Noltros vendíamos el pescado donde ahora está el Café es Punt, donde el Ayuntamiento habñia puesto una piedra grande y se vendían ratjades y pescado de piel. Cuando había temporal en la cala "pescábamos" comprando a los pescadores de Sóller (que pescar allí, en el Puerto, es un regalo) y lo llevábamos a Deià para venderlo.

 

TESORO 5: LOS SUMINISTROS EN EL PUEBLO 

Todos teníamos cabras para tener un poco de leche. Porque la única que llegaba al pueblo era la que traía el camión d’en Gelat, que llevaba 30 o 40 litros para repartir entre todos... y la que vendían en la tienda de comestibles era condensada. Todo el mundo cultivaba por la misma razón (ahora los huertos están abandonados). A mí me tocó un huerto muy bueno como herencia, lleno de limoneros. Pero cuando privatizaron las fuentes de agua, nos quedaremos sin... y se acabó el cultivo de hortalizas.

Antes, el agua era un regalo. Cada año pagábamos 4000 pesetas y gastábamos toda la que queríamos, pero hicieron el plan de alcantarillado, empezaron a cobrar 70.000 pesetas para empalmar y ahora la tenemos que pagar como si fuera vino y comprarla en camiones.

TESORO 6: INDUSTRIA DEL ACEITE

Aquí se producía también mucho de aceite. Lo hacían en Can Boquete o en Can Racó. Había tahonas en cada possessió, ¡en Deià no se perdía ni una oliva! Sobre el mes de octubre venían muchachas del Pla a hacer la temporada de la oliva, las llamábamos gallufes, una palabra que no encontraréis en ningún diccionario. La mano de obra no valía nada. Primero recogían todo lo malo: el “torró”, estas aceitunitas que sólo tienen hueso y poca pasta. Aun así, les sacábamos aceite que ya bastaba para pagar el trabajo de la recogida Un año, ¡yo llegué a producir 2000 litros!

 

TESORO 7: SU HISTORIA DE AMOR 

Conocí a Antònia yendo de “gallufes”. Una hermana suya vino a trabajar, y cuando eran las fiestas en su pueblo, María de la Salut, yo la acompañaba: comíamos, cenábamos... y al acabar, íbamos al baile. La que sería mi mujer, tenía 12 años ¡y la cortejé hasta los 18! Eso si, durando el verano, cuando venían las francesas, las inglesas... hacíamos un paréntesis y después, cuando volvía la temporada de la oliva... ¡volvíamos a salir! (ríe)

TESORO 8: LAS PRIMERAS EXTRANJERAS

Las primeras francesas llegaron en los años 50 y venían un poco... "arugades". En Deià no nos podíamos acercar a ninguna chica, todas se casaron con guardia civiles, porque sabían que todos nosotros íbamos a por las extranjeras, así que todos nosotros, nos casamos con chicas del Pla.

 

TESORO 9: LOS PRIMEROS NEGOCIOS TURÍSTICOS

Nosotros empezamos un restaurante con una barraca en la cala, yo tenía unos veinte años. En Deià siempre ha habido gente bohemia: pintores y escritores, escultores... por Es Racó era donde había más y cuando bajaban a la Cala a las 12h estaban muertos de calor. En la cala no había agua, la recogíamos con un gorg en invierno, pero cuando hacía mal tiempo se llenaba de agua salada, y los extranjeros venían y nos decían: "¿qué hay para comer?" Y les decíamos: "¡arroz de pescado!". Como el día siguiente, y el otro, y el otro... Solo cocinábamos pescado, no comprábamos nada.

Les preparábamos a los extranjeros un plato de arroz y ya ganábamos más con eso que yendo a pescar.

TESORO 10: LOS OTROS NEGOCIOS DE DEIÀ

Aquí se pescaba, se hacía aceite, guantes... ¡y contrabando! Del año 50 hasta el año 70 gracias al contrabando con barcas, sobrevivimos. Porque se pasaba hambre. Empezamos el contrabando con barcos que venían de Tánger o Ceuta cargados de azúcar, harina, café, sacos de arroz de Canadá y de Brasil, después empezamos a llevar tabaco... y se empezó a complicar hasta que empezaremos a llevar cosas que no sabíamos qué eran "¡cuidado con esto que no se moje!".

En aquella época un peón ganaba 12 o 13 pesetas al día y por hacer un trabajo de contrabando, 200 en una noche.

Con el tabaco, cada noche se descargaban 400 o 500 paquetes. Muchas veces no había ni tiempo de esconderlo y lo dejaban detrás de las rocas. Si hacía mala mar... ¡te llegaban cartones de tabaco hasta la terraza! La segunda noche se hacían algunas paradas con un camión y 25 hombres cargados con 18 kilos cada uno, lo recogían.

Con el contrabando, yo disfrutaba.

Mi mujer tenía miedo, pero yo sabía de quien me tenía que guardar, no tenía miedo de nada. Tenía un llaütet de 6 metros, con un motor como de moto. Una vez, por culpa de este llaüt tan lento, intentamos hacer el primer viaje, pero nos tocó hacer el último. Debían de ser las 3 de la mañana y la barca cargada, éramos como caracoles. Llegamos a descargar a las 6 de la mañana, cuando ya había salido el sol y ya no había nadie para recoger el cargamento.

 

TESORO 11: RELACIONES ENTRE PUEBLOS

Siempre nos relacionábamos con Sóller. Con Valldemossa nunca nos llevamos bien. Íbamos a insultar a las valldemossines y nos esperaban se anochecer para echarnos a pedradas. Pero con los sollerics siempre nos hemos llevado como hermanos. Íbamos al pueblo con motorino, en bicicleta... o andando.

A Palma no fui hasta los 12 años.

Me llevaron porque tuve una caída muy fuerte y me tuvieron que operar. Esta fue mi primera visita a Palma.

 

CUANDO CAMBIÓ TODO

Murieron los señores de las possessions y se parcelaron, se vendieron a extranjeros casas, terrenos y tahonas. Desaparecieron trabajos y oficios. Nunca pensamos que pasaría todo esto. El amo de Can Bujosa, que murió ahogado en su propia casa, fue el único que lo vio. Decía: "un día todo esto estará lleno de casitas". En 30 años ha cambiado todo, los mallorquines que se fueron, ¡ahora volverían! Las casas por las que cobraron seis reales, ahora las tendrían que pagar a 6 millones.

Aquí, acabarán por vender las piedras de ses marjades, porque ya no queda nada más.

 

¿QUÉ AÑORA MÁS?

La cala. Antes, cuando había más gente había una docena de personas. Yo los llevaba con un patín de un catalán, el señor Conrado. Nos daba por cada viaje 25 pesetas (¡tenía mucho dinero y muchos malos vicios!). Entonces era una playa estupenda, de arena. El mar se la llevó hace más de 20 años. El agua ha bajado más de 2 metros porque antes se echaba todo al torrente: restos de obras, madera... En invierno bajaba todo a la cala y creaba una capa que protegía la playa de arena. Ahora ya no baja ni agua, ni nada. Ya casi no voy.

A tu memoria.
Descansa en paz, Joan.