Serra de Tramuntana
Unesco - World heritage
Serra de Tramuntana

El arte de 'sa tondre' en la Serra de Tramuntana

 
 
09.01.2018
 

El primer galardón del certamen de fotografía Serra de   Tramuntana   en la categoría 'La gente de la Sierra',   fue para la fotografía ‘Sa tondre’ de Pedro José Fernández Martínez (en la imagen de la cabecera).

 

Hoy en día más que una obligación es una tradición. La necesidad de tiempo atrás de aprovechar la lana es ahora una fiesta. Aunque sea por un día, o un fin de semana, las fincas se llenan de alboroto para rememorar la costumbre de pasar la máquina a las ovejas y retirar la lana producida a lo largo de todo un año.

 

Cuando la primavera empieza a hacer subir las temperaturas en la tranquilidad que se respira por las montañas de la Serra de Tramuntana, los agricultores de las fincas ya saben el deber que tienen que cumplir con sus animales de pastoreo. Mientras las ovejas mastican la hierba verde ajenas al mundo que las rodea, poco a poco se empiezan hacer los preparativos para que “sa tondre” se pueda hacer exitosamente.

 

No hay una fecha estricta para hacer el trabajo. El tiempo, los primeros calores de la temporada o el calendario de los ‘tonedors’ marcará el día en el que se llevará a cabo una de las tareas del campo más arraigada en la cultura tradicional mallorquina. Habitualmente suele ser entre los meses de abril y junio.

 

Primero se suele hacer en las fincas del Pla donde las temperaturas suelen subir más pronto y, al final, el esquileo de las ovejas llega a las posesiones de montaña. El trabajo puede comenzar días o semanas antes. Todo debe estar bien preparado para que nada falle el día de ‘sa tondre’. Se deben repasar los cerrados para que las ovejas no puedan huir durante la recogida, se apalabra con el veterinario y debe proveerse de pegamento y aceite para untar a los animales.

 

El trabajo duro empieza a primera hora del día cuando el alba rompe la oscuridad de la noche. Las ovejas deben ser conducidas a sesteaderos, lo que requiere tener que recogerlas. En función del tamaño de la finca y del rebaño, un grupo de personas y de perros adiestrados se repartirá por todos los rincones de la finca e irá reuniendo los animales para conducir ordenadamente hacia los sesteaderos donde se hará el esquileo.

 

Mientras tanto, los ‘tonedors’ preparan sus máquinas eléctricas y el veterinario las jeringas para vacunarlas. En un rincón, un fogón con una olla vieja irá dando temperatura en el aceite para untar a las ovejas.

 

Cuando los animales han podido ser recogidos y están bien cerrados para que no puedan escapar, empieza el trabajo duro. Se acabaron las corridas por dentro la finca persiguiendo las ovejas perdidas o aquellas que se escapan, pero apenas está a punto de comenzar el trabajo que cambiará el aspecto de los animales. Comienza la fiesta de ‘la tondre’.

 

Un oficio antiguo

 

Antiguamente el trabajo era mucho más laborioso que ahora. Antes se hacía a mano y lo que ahora puede ser hecho en unos pocos minutos, antes se necesitaba de la paciencia y la habilidad del ‘tonedor’ que sólo disponía de unas afiladas tijeras para rematar la faena.

 

Uno a uno los animales salen del corral. Asustados, con ganas de huir escapados y desconociendo hacia dónde se van, el campesino acompaña al animal a los pies del ‘tonedor’. Con una habilidad digna de todo reconocimiento, con oficio, la máquina eléctrica a las manos del ‘tonedor’ comienza su trabajo.

 

De la barriga hacia lomo, y de los muslos   y brazos hacia la espalda, la máquina de esquilar abre camino en la espesa y gruesa lana que poco a poco se va desprendiendo del animal que lo ha ido produciendo a lo largo del último año.

 

Un trabajo en cadena

 

Con el máximo cuidado que permite un trabajo en la que el animal exterioriza cierto nerviosismo, el ‘tonedor’ va haciendo su trabajo. En caso de produirse alguna herida, un ungüento de color azulado se ocupa de sanearla y cicatrizarla.

 

El trabajo se repite una y otra vez. Tantas como animales haya en la guarda. Sólo los niños más jóvenes se salvarán de la pelada. El trabajo coordinado en cadena es fundamental para que el esquileo termine con éxito. También lo es mantener el animal sin demasiado estrés ya que así permite pelarlo sin necesidad de tener que atarlo.

 

Una vez que el animal está pelado, el veterinario se ocupará de él. Una revisión ocular servirá para diagnosticar el estado de salud y posteriormente una injección le inocularà la dosis justa de medicamento para garantizar que el animal continue con buena salud durante un año más. Si no está censado, el animal recibirá un etiquetado que se le colocará en la oreja emulando un pendiente.

 

En la revisión del animal que realiza el veterinario, le seguirá la que le hará el pastor de la finca. Básicamente para constatar que el collar y el cascabel siguen en su sitio sin peligro de que se pueda desprender. A las ovejas más jóvenes que aún no lo llevan puesto, les tocará el turno de estrenar el cencerro que irá colgado de un collar de madera elaborado con almez o mata. El trabajo está a punto de llegar a su final. Sólo queda el turno de untar el animal.

 

Además de servir para ahuyentar a los mosquitos que podrían transmitir alguna enfermedad al animal, el untamiento tiene otra importante finalidad. La de marcar a los animales para diferenciarlos de los de la finca de los alrededores. Así, utilizando un hierro, muchas fincas utilizan las siglas de su propietario, las marcas sobre el lugar o las que dibujan un hierro forjado en formas tan diferentes como una estrella o un círculo.

 

Para marcar el animal se suele utilizar el aceite viejo, o rancio. Este se introduce en una olla vieja y cuando coge temperatura se vierte la pega en polvo. Este producto dará el color definitivo a la marca que recibirá el animal en la espalda o en uno de sus lados.

 

Cuando el animal acaba de recibir la marca definitiva ya está a punto de ser soltado. Ha terminado el trabajo en cadena que comenzó el pastor, prosiguió el ‘tonedor’, el veterinario y el marcador. A medida que el trabajo se va haciendo, el ayudante del ‘tonedor’ va recogiendo los restos de lana que se obtiene de la pelada del animal. 

 

Antiguamente este producto tenía varias salidas pero actualmente la práctica totalidad de este producto natural acaba amontonado o, en el peor de los casos, quemado.

 

Colchones y hilaturas eran algunas de las salidas que antiguamente se le daba a la lana, recursos que los nuevos tiempos han terminado por arrinconar. Una a una, las ovejas siguen escrupulosamente el orden establecido en el esquileo. El trabajo poco a poco va llegando a su punto y final cuando toda la guarda ha pasado por las manos del ‘tonedor’ y de todos sus ayudantes.

 

Merienda y almuerzo

 

Pero sin duda, los momentos más esperados del día son la merienda o el almuerzo que siguen a la tosa. Es el momento para celebrar el final de la jornada y donde toda la gente que ha participado en los diferentes procesos aprovecha para reponer fuerzas.

 

El almuerzo del día de la ‘tondre’ es el momento más esperado que remata una de las tradiciones del campesinado popular mallorquín más conocidas. Con el sabor del trabajo realizado y la barriga llena del más variado surtido de comidas, embutidos y vinos de la tierra, los participantes de la tosa terminan la jornada y vuelven a casa cansados.

 

Mientras, la finca a va recuperando la tranquilidad, las ovejas vuelven a los pastos y el silencio se apodera de la posesión sólo roto por el sonido de un cascabel que se siente a lo lejos. El sol baja y poco a poco la oscuridad apaga el día.