Serra de Tramuntana
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Serra de Tramuntana

El olivo, el cultivo más simbólico de la Serra

 

CATEGORÍAS: Cultura, Natura.

ETIQUETAS: Olivo.

28.07.2017
 

El cura pollensín Costa y Llobera, ya lo dijo en su día: "Nada hay más bello que el olivo". Este exponente de la Escuela Mallorquina, se servía de esta hipérbole para resaltar la perennidad del árbol milenario en el paisaje mallorquín de la Serra de Tramuntana.

Los románticos fueron, seguramente, los primeros turistas modernos que recibió la Sierra de Tramuntana. Santiago Rusiñol, Rubén Darío, Frederic Chopin, George Sand ... Pero qué fue lo que les fascinó de Mallorca?

Qué extraño hechizo les atraía? Dice Carmen Riera en el libro 'Olivos Milenarios de Mallorca': "Es la luz, la atmósfera que la rodea, lo que le otorga una magia especial, que es la transparencia del aire, aire verde de sembrados y aire azul de cala, el maquillaje que le cae mejor. Y no tengo ninguna duda en señalar que los olivos milenarios le otorgan una pátina que tiene mucho que ver con la luz de la eternidad ".

Entre el bullicio ardiente de la ciudad y el agua refrescante de la playa, sin embargo, queda la tercera Mallorca, a menudo olvidada por muchos, y sin embargo mágica: la de los almendros en flor, la de los campos ondeantes de grano, la de los olivos aprovechando cada rincón en los bancales de la Serra de Tramuntana.

El aceite de la Serra

Los olivares ocupan casi el 95% del área bancal y se suelen combinar con algarrobos y almendros. Los naranjos, a pesar de la importancia económica que adquirieron en el siglo XIX, hoy sólo ocupan el 3,2%, y se sitúan en cotas bajas donde los suelos son más profundos y fértiles.

El olivo de la Serra de Tramuntana, pero, no sólo lucha contra los tradicionales enemigos comunes de la agricultura, sino que sufre una desventaja específico por estar arraigada en bancales de difícil acceso que dificultan la mecanización de las explotaciones, vital para la supervivencia del olivo como medio de vida.

De acuerdo con los datos históricos, fueron los fenicios y griegos quienes introdujeron el olivo en la Península Ibérica, y desde allí llegó a Mallorca.

Las referencias históricas indican que en tiempos de la Corona de Aragón (s. XIII) ya se exportaba aceite de Mallorca hacia el norte de África, junto con otros productos agrícolas.

A mediados del siglo XV, el aceite de Mallorca era un producto que se exportaba de manera regular y continuada desde la isla, especialmente desde el Puerto de Sóller.

Fue en el siglo XVI cuando se produjo un importante avance en el cultivo y en la producción de aceite, constituyendo durante mucho tiempo la principal fuente de riqueza de muchas de las fincas de Mallorca.

La expansión del cultivo del olivo se desarrolló especialmente en las zonas septentrionales y meridionales de la Serra de Tramuntana (norte de Mallorca). A principios del siglo XVI, los deumes (partes sobre la cosechado) del aceite que se pagaban al rey representaban un 10% del total, cifra únicamente superada por el trigo y la cebada.

Durante los siglos XVII, XVIII y XIX el aceite de Mallorca tuvo un papel clave para la economía de las islas, tanto su función de ingrediente básico en la alimentación de los habitantes como producto de intercambio y exportación. 

El aceite de Mallorca era utilizado como moneda de cambio para pagar las importaciones de los productos de los que era deficitaria, como el trigo.

La posición preeminente del aceite de oliva de Mallorca en las exportaciones se mantuvo hasta la primera mitad del siglo XIX, representante durante muchos años entre el 65% y el 80% de las exportaciones mallorquinas medidas en unidades monetarias.

En la segunda mitad del siglo XIX Mallorca sigue exportando cantidades considerables de aceite.

A unos de los mejores documentos que mejor se reflejan costumbres y vida de las islas de Mallorca, Die balero in Wort und Bild geschildert (1869-1891), escrito por el Archiduc Luis Salvador de Austria durante su estancia en la isla en el siglo XIX, se elogia la calidad del aceite mallorquín virgen para emplearlo en las ensaladas y en el pan con aceite, según él, uno de los platos más apreciados de la isla.

El reconocimiento de la calidad del aceite de Mallorca a nivel exterior se pone de manifiesto a finales del siglo XIX, cuando en Cataluña se otorgó el segundo premio de un concurso de calidad de aceites a un aceite mallorquín elaborado en una almazara de Mallorca.

Durante las décadas de los ochenta y los noventa, la vid y la producción de vino experimentaron un boom en Mallorca. Actualmente, en la sierra de Tramuntana ya hay algunos agricultores que han optado por mantener la explotación tradicional en las orillas (poco rentable) y plantar de nueva en zonas de más fácil acceso.

Y así en la isla de los contrastes, entre Magaluf y Fornalutx, entre Campos y Artà, entre Palma y el puerto de Alcúdia, sobreviven a la sierra los olivares a sus márgenes de piedra seca. "Tal vez -dice Antonio Colinas-, de la salvación de este árbol y de la perdurabilidad de su símbolo dependa nuestro futuro".