Serra de Tramuntana
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Serra de Tramuntana

Las torres de defensa en la Serra

 

CATEGORÍAS: Cultura.

17.05.2017
 

En la costa de la Serra de Tramuntana hay toda una serie de torres de defensa, algunas fortificadas y otras simples atalayas de observación. Desde la torre de cala en Basset hasta la atalaya de Albercutx en Pollença encontramos una veintena de construcciones que constituyen un patrimonio de valor incalculable, tanto histórico como arquitectónico o etnológico.

Torres como la Torre Picada de Sóller, de na Seca, de Tuent, la Torre Nueva o la ya mencionada El Verger son testigos de una época pasada que vivieron nuestros antepasados.

Según explica el autor Bartolomé Homar, la mayoría de estas torres datan del siglo XVI, pero antes de que se construyeran ya existía una red de vigías y escuchas.

Las vigías eran las vigilancias diurnas, eminentemente visuales, mientras que las escuchas eran las guardias nocturnas, en que los vigilantes tenían que poner mucha atención para sentir cualquier ruido que pudiera delatar la llegada de un barco: el golpear de unos remos en el agua, el floquejar de una vela, la voz de los marineros...

Muy a menudo, los encargados de las guardias no acudían a vigilar y preferían hacer su jornal en las posesiones vecinas. Estas guardias, explica Homar, se hacían en lugares elevados de la costa, con buena visibilidad de un buen tramo del litoral y en puntos estratégicos que permitieran estar en contacto visual con la guardia vecina.

El trabajo de estos guardas era avisar de la llegada de barcos enemigos, piratas y corsarios de Berbería mayoritariamente, pero también de embarcaciones que pudieran introducir en Mallorca algún tipo de enfermedad contagiosa.

En el siglo XVI, los ataques piratas en las poblaciones costeras viven su momento más álgido. La documentación histórica sobre estos ataques a pueblos como Andratx, Estellencs, Banyalbufar, el Puerto del Canonge, Valldemossa, Deià, Sóller y Pollença es abundante.

Por ello, se decide mejorar el sistema de vigilancia y se empieza por edificar torres fortificadas y armadas en la mayoría de puntos donde ya existían las vigías.

Don Juan Binimelis, personaje polifacético que reunía las facetas de médico, historiador, astrónomo y sacerdote, fue el impulsor de la edificación de las torres y organizó un sistema de señales, de humo durante el día y de fuego por la noche. Este código de señales permitía avisar a las torres vecinas, las cuales, torre a torre, hacían llegar la información hasta la Almudaina.

Las torres hacían señales de humo durante el día y de fuego durante la noche

La historiografía también nos ha dejado numerosos testimonios de conflictos y problemas que surgían a raíz del cumplimiento de las guardias, que tenían que hacer, no sólo los habitantes de los pueblos costeros, sino también, los de los pueblos vecinos y no tan vecinos. 

En Banyalbufar y Estellencs, por ejemplo, tenían que hacer guardias, o al menos pagarlas, como hacían las villas de Esporles y de Puigpunyent, pero también las de Santa María, Santa Eugenia y Algaida.

Con frecuencia, los encargados de la vigilancia no acudían a su lugar. No debemos olvidar que la pérdida del salario de un día de trabajo en el campo podía significar que no comiera toda una familia.

La profesionalización de los torreros fue una solución temporal, porque con el tiempo lo que hacían era aprovechar las largas estancias en la torre para dedicarse a hacer jornales en las posesiones vecinas o a hacer trabajos para complementar el sueldo.

En el siglo XVIII se publicaron las 'Ordenanses de las torres de fuego del RECN', un documento que establecía, entre muchos puntos, las obligaciones de los torreros, la prohibición de abandonar la torre y toda una serie de normas que assegurasen el trabajo de vigilancia costera.

La conquista del norte de África por parte de Francia en la década de los treinta del siglo XIX acabó definitivamente con el corsarismo berberisco y las torres empezaron a caer en desuso, aunque ocasionalmente se utilizaron para vigilar el contrabando y también durante las dos guerras mundiales y la Guerra Civil española.

Posiblemente, una de las torres con más eco turístico sea la de la Torre des Verger, en Banyalbufar, más conocida con el nombre, aunque incorrecto, de la Torre de ses Almas, y que los banyalbufarins llaman, simplemente, sa Torreta.

Esta torre formaba parte de un completo sistema de vigilancia que seguía todo el perímetro de Mallorca y que permitía dar aviso a toda la isla si había algún peligro que llegara por la mar.

En todo caso, que estas torres tengan ahora una nueva vida depende de todos, de la inquietud hacia el patrimonio histórico y de la sensibilidad para ver verdaderos monumentos en lugar de simples montículos de piedras.