Serra de Tramuntana
Unesco - World heritage
Serra de Tramuntana

Raixa, una posesión de la Serra con historia

 

La finca pública de Raixa, muchos siglos antes de que el turismo se convirtiera en el motor económico de la isla, era una de las más importantes entre las mil fincas agrícolas o possessions que sustentaban la vida de los pageses y senyors mallorquines.

 

Situada en el km 12 de la carretera Palma-Sóller, dentro del Término Municipal de Bunyola, sobre una ladera que mira hacia el Sur en las estribaciones de la Serra de Tramuntana, fue en origen una alquería musulmana con abundancia de agua que, tras la conquista de la isla por Jaume I, Rey de Aragón, fue entregada por el propio monarca a Ponce IV, Conde de Ampurias, uno de los nobles que le acompañó en la empresa; después, pasó a manos de la familia Sureda de Sant Martí y más tarde, a los Zaforteza-Tagamanent.

 

La historia de la casa fue tan turbulenta como la de la propia isla de Mallorca. En 1522 fue dada al fuego por los enemigos del Emperador Carlos I en la Guerra de las Germanías, que en Mallorca se conoció como Insurrección de los forans, ya que Pere-Joan Safortesa y Descatlar, a la sazón propietario del conjunto, se alineó con la causa del Emperador.

 

En 1660 la finca pasó a manos de la familia Despuig, Condes de Montenegro, cuyos miembros reformaron, ampliaron y embellecieron la propiedad que conoció su tiempo de mayor esplendor durante el siglo XVIII, cuando de su gobierno se ocuparon los hermanos Joan y Antoni Despuig y Dameto.

 

Antoni, el segundo hermano, fue todo un personaje en la Mallorca ilustrada, pues combinó su carrera eclesiástica, en la que llegó a ser Cardenal, con el mecenazgo y el coleccionismo de Arte. Amante de la escultura, en Raixa dió trabajo a los artistas Pascual Cortés, Luis Melis y Francesco Lazzarini.

 

Con la aprobación de su hermano Joan, IV Conde de Montenegro, convirtió la casa en una villa neoclásica monumental, para cuya  construcción contrató a afamados arquitectos y maestros de obra que diseñaron bellos aposentos y jardines, obras que no pudo ver terminadas, dado que el Papa Pío VIII lo llamó a Roma y ya nunca pudo regresar a Mallorca.

 

Desde el punto de vista arquitectónico, los edificios poseen una estructura de madera en forjados y cubierta, sustentada por muros de carga de mampostería de ripio ligada con morteros de cal. Las distintas dependencias se organizan alrededor del patio o clastra,  en el que también hay un pozo en una de sus esquinas.

 

En el perímetro del patio se encuentran la almazara, los antiguos establos, el alojamiento de los aparceros y demás trabajadores de la possessió, la capilla y también, los aposentos de los propietarios que, como curiosidad, cuentan con una galería de estilo italianizante orientada al mediodía, desde la que se aprecia un buen panorama de los jardines y del valle que va abriéndose hacia Palma.

 

Rodeando el exterior se hallan los jardines que tanto prestigio dieron a Raixa, conocidos por los nombres dels Tarongers, de la Galería, de Entrada y de Apolo. De éste último llama la atención el hecho de que fuera encargado por un prelado, pues el jardín tiene como figura central al dios griego Apolo y a las musas de la Poesía, siendo su estilo neoclásico y su carácter eminentemente profano. 

 

Con toda seguridad, esta obra debió ser causa de más de una polémica en la Mallorca de su tiempo, máxime considerando el conservadurismo de su sociedad y el hecho de que la Iglesia era más bien contraria a la Ilustración; pero está claro que el Cardenal Despuig fue un gran hombre que supo congeniar la tradición religiosa y las nuevas ideas surgidas en Francia posrevolucionaria.

 

De hecho, de él se cuenta que durante su estancia en Roma, fue el principal valedor en el proceso de santificación de la mística Valldemossina Santa Catalina Tomás, la cual, de joven sirvió en Raixa al servicio de la familia Safortesa-Tagamanent, antigua propietaria de la casa.

 

A principios del siglo XX, con el advenimiento de la industrialización y de los grandes cambios sociales que ésta trajo, las grandes casas europeas y, con ellas las mallorquinas, se convirtieron en inviables; con toda probabilidad, esta causa hizo que la familia Despuig vendiera la finca —ya en franca decadencia— al empresario mallorquín Antoni Jaume.

 

Con el tiempo Raixa cayó en el abandono y sufrió graves deterioros, aunque nunca fue del todo olvidada pues, gracias a su singular atractivo, sirvió de escenario en películas como Bearn o la Sala de las Muñecas y Muerte Bajo el Sol, films que en cierto modo, ayudan a imaginar cómo era la vida en el interior de una gran possessió.

 

Pero la historia esta vez tiene un final feliz, pues por su valor histórico y etnológico, en 1993 Raixa recibió un más que ganado nombramiento como Bien de Interés Cultural (B.I.C.) gracias al cual, su mantenimiento quedaba casi asegurado.

 

A finales de 2001, tras veinticinco años de polémica, la finca fue adquirida por el Govern y el Consell de Mallorcaque, poco a poco financian su rehabilitación para el disfrute público como Centro de Interpretación de la Serra de Tramontana, con acceso libre y gratuito por el momento. 

 

Digno final, para una noble casa mallorquina que estuvo a punto de perderse por la ruina, representante de toda una cultura y de un modo de vida ya desaparecido, que merece la pena conocer y difundir, por haber formado parte de nuestra Historia.