Serra de Tramuntana
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Serra de Tramuntana

La Serra de Tramuntana, un espacio agrícola, fértil y productivo

 

CATEGORÍAS: Cultura.

ETIQUETAS: Olivo.

05.05.2017
 

La actividad económica de la Serra de Tramuntana presenta una diversidad importante en su configuración. En las zonas interiores se puede encontrar una actividad que históricamente ha ido muy enfocada al sector agrícola y forestal.

Esto se evidencia a partir de los vestigios que permiten identificar una explotación de los recursos naturales en prácticamente todo su territorio. Entre estos vestigios destacan: las carboneras (aprovechamientos del bosque), los pozos de cal (aprovechamiento de piedra caliza) o la construcción de terrazas de piedra en seco (aprovechamiento y creación de suelo agrícola).

La actividad industrial se ha localizado en zonas como el Raiguer o Sóller, principalmente. Por otra parte, en los extremos de este ámbito territorial (Calvià, Andratx y Pollença), actualmente, se han configurado como zonas turísticas de sol y playa con unas dinámicas territoriales muy diferentes a las del interior.

Partiendo de la hipótesis de que la Serra de Tramuntana tiene unas dinámicas económicas muy diferenciadas al resto de la isla (su economía se fundamenta en las actividades tradicionales), el objetivo de este artículo es explicar la evolución económica de la zona y reflejar cuál es su situación socioeconómica actual.

Las actividades económicas tradicionales en la Serra de Tramuntana

Las actividades económicas tradicionales, las que están en la base económica de la Serra de Tramuntana hasta mediados del siglo XX, son principalmente tres: agricultura, industria y turismo.

Durante los siglos XVI y XVII la agricultura constituía la base económica y productiva de Mallorca, ya que su economía se basaba en un sistema de autarquía que concentraba gran parte de la población ocupada.

En el contexto de una sociedad cerrada, la evolución de las formas de explotación agrícola viene marcada y limitada, por una parte, por elementos políticos y sociales y por elementos geográficos, por otro, que configuraron el panorama agrícola de la época y que dificultaba el desarrollo de la agricultura desde un punto de vista económico.

Una de las características de la estructura agraria mallorquina es el mantenimiento de las unidades de explotación y de los sistemas de cultivo aunque, en las primeras, se experimentan pocas variaciones y, en los segundos, una evolución de escasa relevancia.

La gestión agrícola se estructuraba en dos formas de explotación: el latifundio y el minifundio, según cuenta el historiador mallorquín Miquel Ferrer Flórez en el libro 'Eltrabajo agrario en los siglos XVI y XVII'. 

El primero de ellos, se caracteriza por su gran extensión y era gestionado por los propietarios que durante buena parte del año no residían en sus tierras. Estos eran personas de clase alta que durante la guerra de las Germanías se apoderaron de las grandes y medianas propiedades agrícolas de Mallorca y de la Serra. En cuanto la segunda forma de explotación se caracteriza por adoptar diferentes formas de cultivo de naturaleza intensiva y era gestionado por las clases más pobres.

El latifundio es una de las estructuras agrarias más significativas y se puede dividir en dos tipos de unidades de explotación: la posesión y el cobertizo. De forma secundaria y, particularmente, en algunos municipios, sobre todo en Pollença y Sóller, se podría añadir una tercera unidad: el huerto.

En general, las posesiones y los cobertizos eran complejos de explotación agraria que englobaban diversas ramas económicas (agricultura, ganadería y explotación forestal) y en ellos se explotaban de forma equilibrada los diferentes recursos, otorgando prioridad a unos frente a otros como es el caso del olivo, en referencia al sector agrícola, y el ovino, el sector ganadero.

Con respecto a las posesiones, el modelo de gestión productiva agrícola se basaba en el sistema de rotación de cultivos, que podía ser de tres a cuatro semesters y se complementaba con la actividad ganadera confiriendo un sentido agropecuario en todo el conjunto de la unidad de explotación.

Al final del siglo XVIII, la economía agraria de la Sierra de Tramuntana se caracterizó por unos cultivos característicos que son el olivo y la vid. El olivo era el cultivo principal y se extendió en grandes áreas de toda la zona.

La producción de aceite alcanzó unas 37.691,6 trullades en la comarca lo que equivale a 320.378,6 cuartillos de aceite aproximadamente. La producción de la comarca asciende a 401.604 cuartanas, lo que significa el 47,01% de la producción total de Mallorca. La viña era 2,46% del total de la isla que ascendía a 421.395 Quartino, según el mismo historiador.

También se encontraban cultivos de rotación, principalmente, los cereales (trigo, cebada, avena) y su producción era clave para el sistema productivo mallorquín (trigo, cebada y avena). La producción triguera equivalía, aproximadamente, a un 6% de la producción total de Mallorca.

Una fuente de riqueza complementaria de la agricultura era la ganadería, dedicada principalmente a la cría de cabras (representaba el 14,03% del total de la Sierra de Tramuntana). El ovino la seguía en importancia 13,10% (destaca Pollença con 7.206 cabezas) y finalmente el vacuno era muy abundante en Pollença y Escorca (representaba un 6,4% del total de la Serra de Tramuntana).

Actualmente, las propiedades agrícolas de la Serra de Tramuntana continúan ocupando un lugar primordial. Los hay de todos los tamaños y dimensiones, desde las más pequeñas (en las proximidades de los pueblos) hasta las grandes posesiones, con unas importantes construcciones de gran valor arquitectónico y estético.