Serra de Tramuntana
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Serra de Tramuntana

La Talaia de Albercutx en la Serra de Tramuntana

 
 
27.12.2017
 

El primer galardón del certamen de fotografía Serra de Tramuntana en la categoría ‘La obra civil en la Serra’ fue para la fotografía ‘La talaia de Albercutx’ de Tomeu Llinàs Dalmau (en la imagen de la cabecera).

 

Situada a 380 metros de altura, esta talaia de finales del XVI o principios del XVII fue uno de los principales puntos de vigilancia frente a la continua amenaza corsaria.

 

Las fabulosas vistas de que goza este lugar, desde el que se pueden ver el cabo Formentor, el islote del Colomer, la bahía de Pollença, la Sierra del Cavall Bernat y el resto de la Serra de Tramuntana, le hicieron convertirse en uno de los puntos de vigilancia y defensa del litoral contra los barcos piratas que a menudo llegaban a estas costas y que sometían a todo tipo de saqueos a las poblaciones locales. 

 

La talaia de Albercutx, situada a 380 metros sobre el nivel del mar, forma parte del sistema de torres fortificadas y armadas que se construyeron en la isla entre finales del siglo XVI y principios del XVII ante el auge de las acciones de piratería que se vivió en el Mediterráneo perpetradas por personajes como Barbarroja.  

 

En el Coll de la Creueta nace un camino asfaltado que sube a la Talaia d’Albercutx. Fue construida por presos represaliados del régimen franquista. El recorrido para llegar a la atalaya es de unos dos kilómetros que pueden cubrirse a pie en unos veinte minutos.

 

La Talaia de Albercutx, restaurada y en buen estado de conservación, data de mediados del siglo XVI. El diámetro de la base es de unos siete metros y presenta una altura cerca a los 8,50 metros. Se puede acceder al primer piso y el terrado. En sus muros se puede leer: “Talaia d’Albercutx. Segle XVI. Donada al poble de Pollença per la família Capllonch 1984”.

 

También podemos contemplar dibujos de aviones, ya que durante la Segunda Guerra Mundial fue utilizada como observatorio estratégico. Desde la atalaya disfrutamos de una panorámica sobre la playa de Formentor, la bahía de Pollença, la península de Formentor, el Cavall Bernat y la costa de Tramuntana.

 

La Talaia ha sido defendida en las últimas décadas de algunos intentos de derribo: en los años 70, cuando se quiso instalar en su lugar una batería de cañones; y en 1983, cuando el Gobierno de entonces aprobó un decreto para expropiarla y colocar en su sitio una radio farola, proyecto que el ayuntamiento lo impidió. Desde el Coll de la Creueta parte un camino que lleva a pie hasta el Port de Pollença, pasando por las abandonadas casas de Albercutx. 

 

La Talaia como torre de defensa

 

Hasta entonces, las labores de vigilancia y defensa se realizaban mediante vigías durante el día y escuchas durante la noche, si bien este sistema era poco efectivo ya que estas personas no sólo no contaban con los medios necesarios para hacer llegar un aviso de peligro rápidamente, sino que en muchas ocasiones morían a manos de los atacantes sin  siquiera haberse percatado del peligro al encontrarse totalmente desprotegidos.

 

Gracias a este nuevo sistema de atalayas, ideado por Joan Binimelis, si desde esta u otra torre se divisaba un peligro se emitirían señales de humo durante el día o de fuego durante la noche, que se transmitirían de una torre a otra hasta lograr alcanzar la ciudad de Palma, en el extremo opuesto de la isla, en poco más de media hora, de forma que ésta pudiera enviar parte de las tropas que allí se concentraban.

 

En todo caso, este sistema de alarma hacia las dos grandes ciudades mencionadas se complementaba con el envío a pie o a caballo de otras personas a las localidades más cercanas, como Inca, Sa Pobla o Campanet, cuyos hombres de armas se desplazaban rápidamente a la localidad atacada para prestar su apoyo lo antes posible y poder repeler así los ataques.

 

Para garantizar una vigilancia constante costera desde las atalayas se decidió profesionalizar a los torreros, pero esta medida no obtuvo el éxito esperado ya que algunos aprovechaban sus largas estancias en la atalaya para trabajar en campos agrícolas cercanos y complementar así su sueldo.

 

En el siglo XVIII se publicaron las 'Ordenanses de las torres de fuego del RECN', un documento que establecía, entre muchos puntos, las obligaciones de los torreros, la prohibición de abandonar la torre y toda una serie de normas que assegurasen el trabajo de vigilancia costera.

 

La conquista del norte de África por parte de Francia en la década de los treinta del siglo XIX acabó definitivamente con el corsarismo berberisco y las torres empezaron a caer en desuso, aunque ocasionalmente se utilizaron para vigilar el contrabando y también durante las dos guerras mundiales y la Guerra Civil española.

 

Posiblemente, una de las torres con más eco turístico sea la de la Torre des Verger, en Banyalbufar, más conocida con el nombre, aunque incorrecto, de la Torre de ses Almas, y que los banyalbufarins llaman, simplemente, sa Torreta.

 

Esta torre formaba parte de un completo sistema de vigilancia que seguía todo el perímetro de Mallorca y que permitía dar aviso a toda la isla si había algún peligro que llegara por la mar.

 

En todo caso, que estas torres tengan ahora una nueva vida depende de todos, de la inquietud hacia el patrimonio histórico y de la sensibilidad para ver verdaderos monumentos en lugar de simples montículos de piedras.