Serra de Tramuntana
Unesco - World heritage
Serra de Tramuntana

Caminar por la serra de Tramuntana

 

Una caminata por la Serra, de buena mañana, con buena compañía y analizando la naturaleza, la mano del hombre, la belleza del paisaje y tanto que nos puede dar nuestro Patrimonio Mundial.

 

Aquí tenéis la primera entrega de la serie Caminar por la Serra.

 

 
06.07.2018
 

A muchos mallorquines nos gusta hacer camino por la serra de Tramuntana, un muro levantado durante el plegamiento alpino que es continuación del sistema bético y que contribuye a generar el clima particular del que disfrutamos en toda la Isla.

 

 

Había quedado para desayunar con un amigo que hace años fue alcalde de uno de los pueblos de la Serra. Circulaba por la vía de cintura y enfrente tenía el imponente Galatzó (1.027 metros). Qué privilegio partir de día, dejar el coche en sa Font des Pi y subir hasta arriba con un trozo de pan y fiambre para comer algo allá arriba viendo salir el sol. Además, puedes regresar a Palma cuando muchos aún no se han levantado.

La Serra se hace presente desde cualquier lugar de la isla. A la derecha desde Galatzó, Es Teix (1.064 metros), Alfàbia (1.067 metros), l’Ofre (1.090 metros), el Puig Major (1.443 metros), Massanella (1.364 metros) y más lejos el puig Tomir (1.102 metros), una imagen que por habitual nunca deja de impresionar.

 

Probablemente por ello, cuando nos sentamos a desayunar hablamos de La Serra. "¿Cómo la definirías?" le pregunté a mi amigo, "¿qué representa para ti?" "Es el pulmón de la isla" respondió. Comenté que el Galatzó es mi monte preferido. "En mi caso", dijo él, "es el Puig de n'Alí (1037 metros) con aquellas singulares y enormes rocas que configuran una imagen fantástica; aunque caminar por el encinar que hay junto a la casa de nieve de sa Fita del Ram me genera un bienestar difícil de explicar y que constantemente me invita a volver ".

Mi amigo me comentó que conoció la Serra haciendo el camino de s'Arxiduc en 1989 y destacó la panorámica que se nos ofrece, tanto a la derecha como a la izquierda cuando pasas por el puig Caragolí. En mi caso el primer contacto fue el invierno de 1963. Fuimos en el tren de Sóller hasta Bunyola, de allí a Orient para subir a las casas del Ofre por el Pas de Maria y descendimos en Sóller por el barranco para volver a Palma en tren. Recuerdo que acabé destrozado pero también fascinado.

 

Con mi amigo llegamos a la conclusión de que estaría bien saber qué piensan de todo esto otros ciudadanos que como nosotros aman la Serra. Así, unos días más tarde, nos sentamos con amigas y amigos conocedores de La Serra, de profesiones y edades diversas, mallorquines y llegados de otros lugares, para hablar de todo ello. Unos nos contaron que conocieron La Serra de muy pequeños y otros la han conocido más recientemente o cuando llegaron a la isla. A menudo este primer contacto fue en Massanella, es Galatzó, es Teix o el barranc de Biniaraix camino del Ofre. Pero también en algún caso fue a lugares menos habituales como Es Morro den Pelut con mucha nieve, el Rafal de Ariant o en el agujero del puig de les Moles, mal llamado l’Ull de Déu.

 

Les preguntamos sobre las intervenciones humanas que habían visto caminando por la Serra y quisimos saber qué les había llamado la atención. Efectivamente, caminado por la Serra son evidentes las intervenciones humanas realizadas durante los siglos en que la actividad agrícola o ganadera y en general de aprovechamiento de los recursos naturales fue intensa. Hablamos de las possesions de La Serra y sus infraestructuras de producción: carboneras, bodegas, eras y almazaras o de otros como son las torres de defensa cuando la posesión estaba cerca de la costa. Solleric, Son Marroig, Alfàbia, Raixa, Sa Granja, Almadrà, Balitx, Pastoritx, Son Torrella, Mossa, Pedruxeilla o Son Forteza son algunos ejemplos a destacar.

 

Pero más allá de las posesiones, las actuaciones humanas están siempre presentes. Las Rotes de montaña, espacios ganados al bosque para el uso agrícola o ganadero que generan paisajes únicos. Marjades construidas para mejor aprovechar el terreno para el cultivo a veces a lugares inverosímiles. Casas de nieve, silos y hornos de cal aquí y allá. A destacar la red de antiguos caminos que comunicaban todos los puestos de La Serra, el camino de los contrabandistas que desciende de Cosconar al mar o los caminos empedrados como el de Biniaraix. Y a destacar también el camino de s'Arxiduc. Un camino que poco antes del siglo XX ya anunciaba la avalancha de visitantes que estaba por llegar y que cambiarían de forma radical la fisonomía de La Serra y de toda la Isla. Aunque probablemente sean las infraestructuras de aprovechamiento del agua el mejor exponente de la convivencia de los humanos con La Sierra. Fuentes, fuentes de mina, pozos, canalización de torrentes y particularmente la Canaleta de Massanella, construida para llevar agua desde la Font des Prat hasta Mancor de la Vall, representan este esfuerzo de convivencia.

 

Pero no nos engañemos, aunque sea la parte de Mallorca menos deteriorada, la Serra también ha sufrido el impacto negativo de la actividad humana. En el pasado, los incendios recurrentes que provocaban los agricultores pera que volviera a brotar el carrizo y las ovejas y las cabras domésticas tuvieran comida tierno causaron la destrucción de la vegetación original y una pérdida de suelos que hizo que las cimas de la sierra estén hoy nudo de tierra y árboles. Más recientemente, el crecimiento de los pueblos de la Serra tampoco es una buena noticia. Y la carretera de Sa Calobra, que no sabría decir si enriquece o despeñado el paisaje.

 

También hablamos de las panorámicas que permanecen en el recuerdo. La Serra destaca por la grandeza y la belleza de sus paisajes. La combinación de un relieve abrupto que alcanza grandes alturas bien cerca del mar resulta en parajes extraordinarios. La vista del valle de Oriente una tarde de invierno subiendo hacia Alfàbia desde Coll de Honor, el bosque y los peñascos del frontón norte de Massanella cuando estás llegando a Comafreda, una salida de sol en un día primaveral en los Cingles de ses Bufaranyes de Formentor o una puesta de sol en el Morro de Pelut, el Morro de sa Vaca y la Torre de Lucas al acecho de un nido de buitres, la península de Formentor vista desde el Galileu, los embalses vistos desde l'Ofre en un día claro, la panorámica desde la Trapa cuando descendemos hacia Sant Elm, caminar desde Mossa hasta el Coll dels Ases o desde ses Cases de Can Bajoca hasta Ses Cases del Bosc, las crestas de la Serra des Teixos y de Son Torrella o vista de toda la isla y más allá desde lo alto del Galatzó o desde el Penyal de Migdia cuando se pone el sol y cuando vuelve salir al día siguiente, la Mola de s'Esclop y toda la historia que permanece en los escombros de la caseta del geógrafo francés Francesc Aragó son ejemplos que unos y otros quisimos citar.

Al final quisimos saber qué representa la Serra para cada uno de ellos. Nos comentaron que La Serra es naturaleza salvaje en la que se intuye la presencia de la gente que vivía, la Mallorca más auténtica y al fin, para todos, un lugar de paz. Un lugar difícil de imaginar para quien no lo conoce, un paraíso cercano, un motor vital, una parte esencial de nuestras vidas.

 

Estuvimos de acuerdo en que La Serra es un espacio imprescindible, que de no ser en ella nuestras vidas habrían sido muy diferentes, una aventura permanente. Incluso alguien comentó que La Serra es su templo donde encontrar la paz, una paz muy más profunda que la que puede encontrarse en una catedral. Un espacio donde relajarse y recuperar energía positiva. Un espacio lleno de magia donde se puede apreciar cómo la mano humana es capaz de preservar y sacar el máximo provecho a la naturaleza sin dañarla.